Tjukurpa

netbook. Libro experimental. Film. Documental. Performance. Música... cr∞er. Este proyecto es autobiográfico y biodegradable. En él, hay incluidas historias escritas, cuentos, poemas, vómitos y ficción, para qué en su desarrollo, la bio solo sirva para su propósito. Algo que explicar.

lunes, 27 de diciembre de 2010

34> Todo final tiene un principio, y todo principio...

La llovizna hace rato que parece haber cesado.
Lucinda mira de nuevo esta ciudad pero la ve como si fuera una extraña.
No sabe como, pero ha vuelto de alguna forma. Se deja caer lentamente apoyada en una columna hasta quedar sentada sobre el pavimento con la mirada desolada. Mira alrededor y recuerda perfectamente la Plaza Real como si no hubieran pasado ni cinco segundos desde que estuvo aquí por última vez. El sonido entonado de un acordeón aparece relajado en sus oídos como regalo de nuevo nacimiento. Al acabar una melodía vestida de ternura sin consuelo, el músico, un hombre de ojos cansados y con una barba llena de canas, no puede sino ofrecerle una canción a la lágrima que asoma por Lucinda.

     - Te voy a cantar mi tanguillo de soledades - dice apretando las teclas otra vez con suavidad e inquieta armonía.
< Recuerdo su mirada. En mi mente. Lucinda está en su mente, o posiblemente en la mía. Y él es mi padre. O el recuerdo de él en un imaginario futuro abstracto. >

"El chuloputas quiebra la esquina del desespero
todas trabajan para él
sus manos rascan el fondo de sus bolsillos
hoy no es la noche
y tampoco lo fue ayer
Maria tiene solo dieciséis años
y su embarazo es producto de la estupidez
ahora sujeta la farola
dando sombra a sus seis meses
y esperando que se acorte el tiempo
silba canciones recordadas en la niñez.

En un rincón, de pie, fumando
Dolores, el travestí de la edad de oro
viste de extremo encaje y tacones altos
bragas  sabor a miel  y largas uñas rojo pardo
moratones en su cara
sus piernas rajadas
con el cuerpo maltratado
y una navaja con el nombre del cabrón.

Un borracho sale del bareto
con la botella de aguardiente bajo el brazo
dando gritos que les recuerda el hastío
de las noches que han pasado en blanco
muy de pronto la Virgen se le aparece
y señala con censura su embriaguez
y el borracho vocifera ¡pelotuda!
vive aquí abajo y me cuentas tu amargura.

No hay solo un rostro
enculado por la angustia
melancólica memoria
del buen tiempo ya pasado
y aunque el dolor no desaparece
ni gritando a viva voz
esta perra vida enseña
a engañarlo con amor."

       Al acabar la canción, Jordi ve a la gente marcharse dejando unas solitarias monedillas en el fondo de su estuche. También la triste mujer se ha perdido en la lejanía del bullicio urbanita y siente no poder alargar más un pésimo día que no le ha traído mas que para un carajillo.

      Su adorado menudeo musical se esta convirtiendo en una mala espina clavada en la espalda, con el dolor de una estocada que ya no le lleva a ninguna parte. Su voz se distingue por la melancolía cansada de sus recién cumplidos veinte años de calle en calle y tristezas reunidas de par en par.
      En otro tiempo, Jordi se codeaba con lo más pretencioso y refinado de la sociedad, navegando en un mundo de pantomimas recreadas en el lujo y la satisfacción del suponerse por encima de lo normal. ¿Que es normal en este ridículo mundo?- pregunta siempre. Lo que antes era normal para él, ahora le resulta de un desagrado especialmente repugnante y fuera de lugar. Aprendió colgándose su instrumento en los hombros que lo normal varía desde el punto de vista con que se mira, o se vive.
      Malas lenguas atraviesan pequeños muros que ha ido edificando desde su muerte. Nota como se descompone en pliegues inconscientes de andar arrastrando una cordura cada vez más incapaz de sostener un pensamiento cercano a la lucidez. Sus paseos posteriores por los psiquiátricos, no hicieron más que refugiarlo en su interior.
     Furtivamente de su Yo, adquiere tonalidades insospechadas, frecuentando bares de mala muerte en los que encierra sus voces tras la niebla del alcohol. Atrayentes de locura ciega y mordaz sanguijuela que lo aposenta en el terreno abismal de una contracción mental.

Recuerdo una mañana de invierno en especial. Me levanté con los ojos pegados, como de costumbre, por las “enriquecedoras” pastillas que nos  cebaban. El aire era del mismo olor nauseabundo de siempre, una mezcla de antiséptico y de químicos a través del sudor. Tras la ventana enrejada podía disfrutar de una blanca metamorfosis del parque cercano. Había nevado esa noche dando un estado metafórico de virginidad a la ciudad. Las enfermeras se paseaban con los ojos bien abiertos, como si llevaran dentro del cuerpo tres rayas de speed mañaneras, dándonos indicaciones de proseguir con la rutina diaria para no llegar tarde al almuerzo y el posterior reparto del medicamento. Abrí la ventana para que entrara el frío aire purificador de entrañas, al menos las mías en ese momento, y percibí una rara e increíble falta de presencia. A mi lado, justo a tres camas a mi izquierda, pude ver al mercader de sueños aun tumbado en la cama con los ojos cerrados y una sonrisa placentera que subrayaba el vacío. Y bien he dicho que lo vi. En ningún momento llegue a sentirlo entre nosotros. Sabía sin cerciorarme que ya nunca volvería a levantarse por si solo de esa cama con tantos sueños maltrechos. Seguí con lo acostumbrado, aunque ni el almuerzo podía rellenar la ausencia que sentía en ese momento. Al cabo de una hora, llegaron los enfermeros con una camilla desocupada y limpia. Cruzaron ante mí a un  tiempo que me pareció irrisorio y a cámara lenta. Al cabo de unos pocos minutos, volvían a cruzar la sala con el cuerpo del mercader cubierto con una sábana blanca. Me quedaban dos meses para salir de allí. Raro. 2 meses antes de morir, le regalé el libro One Flew Over the Cuckoo´s Nest, de Ken kesey.

Dando tumbos y a la séptima, consigue acertar con la llave y abrir la dichosa puerta que lo separa del retiro.

     Al entrar, encuentra sentada en su sillón cochambroso a la llorosa mujer a la que dedicó sin fortuna su canción. Ella lo mira a los ojos con la fijación del creciente despertar de su equis.

¿Crees en Dios?- pregunta Lucinda

Ummmf, mire señorita, Dios hace mucho tiempo que se amputó las manos, se cosió la boca y se quitó los ojos para no saber nada más de nosotros.
Somos los bichos más raros que ha creado la naturaleza, y eso me verifica que no es perfecta. Nada ni nadie es perfecto.

De todos modos……………………. ¿Quién quiere serlo?

      Jordi se desploma en la rechinante cama de la pensión y piensa con una certera claridad, algo que en tan solo unos minutos se disipa por caer en un sueño tan profundo como la inmensidad de un océano sin descubrir.